Dejé caer mis párpados en un sutil baile, mientras la lluvia recorría mis mejillas acompañadas por alguna que otra lágrima camuflada, no me apetecía moverme, era la hora de permitir que los recuerdos me avasallasen.
Recuerdo, recuerdo cuando su mano acariciaba mi mejilla, cuando me revolvía el pelo para regañarme y todos sus sermones acababan en mi frente resumidos en un inusual beso. Anhelo cuando me enseñaba a tirar los globos hacia el cielo, a hacerlos volar, a sentirme yo misma con tan solo unas palabras.
Llámame conformista desde cualquier parte en la que estés, pero adoro soñar contigo, amo el sentirte conmigo, sentir de nuevo aquel olor tan infantil que impregnaba toda la estancia en la que nos encontrábamos, probablemente yo no era la favorita, pero me hacías sentir así.
Y recordar aquellos hoyuelos que pese a tu edad aún se apoderaban de tu sonrisa, tus manos arrugadas pero firmes y decisivas, ese olor tan cálido, tan acogedor, ese olor tan tuyo.
